La Leyenda del Dorado y las monedas de Cartago 

Si yo supiera, cristianos, que sobre mi oro habíades de reñir, no vos lo diera, ca soy amigo de toda paz y concordia. Maravíllome de vuestra ceguera y locura, que deshacéis las joyas bien labradas por hacer de ellas palillos, y que siendo tan amigos riñáis por cosa vil y poca. Más os valiera estar en vuestra tierra, que tan lejos de aquí está, si hay tan sabia y pulida gente como afirmáis, que no venir a reñir en la ajena, donde vivimos contentos los groseros y bárbaros hombres que llamáis. Mas empero, si tanta gana de oro tenéis, que desasoguéis y aun matéis los que lo tienen, yo os mostraré una tierra donde os hartéis de ello” Panquiaco, hijo mayor de Comagre

Juan de la Peña (1876)

Muchos fueron los intentos de encontrar aquellas maravillosas minas de oro nunca antes vistas por los españoles quienes, sedientos de oro, hasta murieron buscándolas. Mito o verdad, se sabe que la ubicación de El Dorado es el pueblo de Muisca en Colombia. Estas minas con abundancia de oro cubrían una gran zona que llegaba hasta los médanos de Coro en Venezuela.

Por allí del año 1876 un español llamado Juan de la Peña y Ortiga logró encontrar una gran cantidad de oro en la zona de las minas del Dorado. Era un oro de alta pureza con energía mágica hasta curativa. Un baño con este polvo de oro devolvía la juventud y curaba todo mal o enfermedad. Juan de la Peña no sabía como lograr extraer el oro de territorio colombiano y decidió acuñar unas monedas similares a las colombianas de la época. El primero de abril del año 1878 se anunció una subasta del equipo de la extinta Casa Acuñadora de Medellín, creada por Mateo Rincón alrededor del año 1828. En la subasta el 29 de abril, Juan de la Peña compró las cuatro prensas de vapor y seis prensas planchet para fabricar piezas en bruto de metal en tira . Estos fueron instalados clandestinamente en Bogotá, y en ese año se acuñaron gran cantidad de monedas con el oro extraído de El Dorado. Posteriormente fueron transportadas a Panamá y 35 de esas monedas llegaron a la ciudad de Cartago, Costa Rica en el año de 1891.

Ignacio de la Peña (1891)

Ignacio de la Peña Aguirre, hijo de Juan de la Peña, devoto católico vio como su padre murió por una enfermedad desconocida. Con un gran temor a Dios decidió donar las 35 monedas de oro a unos curas católicos y así obtener el perdón divino. Celosamente guardadas por los padres cartagineses, se mantuvieron en esa ciudad por más de 100 años. Sobrevivieron a muchas catástrofes naturales debido a su celoso cuido católico. Con los años se fue olvidando el valor de ellas.

Martín Brenes (1991)

Martín Brenes Ortiz, oriundo de Tilarán, le prometió a la Virgen de los Ángeles que si le daba un buen toro de monta caminaría desde Santa Cruz de Guanacaste hasta Cartago. Martín tenía un hato de 28 buenos toros de monta. Por supuesto que el preferido de Martín era Ron Ron y no tuvo mal ojo, este toro debutó en la Plaza de Zapote en diciembre de 1994. Escogido como el mejor toro de las fiestas, Martín inició su travesía a la ciudad de Cartago el 20 de julio del año 1995.  Con mucho regocijo y agradecimiento a la Negrita, Martín recorrió la ciudad la cual nunca había visitado.

Cuando ya se aprestaba a iniciar su travesía de vuelta a Santa Cruz, pudo reconocer al Cura Párroco Leonel Ortiz quien fuera primo de Martín. Muchos años habían pasado desde que Leonel abandonara su natal Guanacaste para servir al creador. “Qué gusto de verte Martín” dijo el cura quien no dudó para invitar a su primo a que extendiera su visita ofreciéndole hospedaje. Después de largas horas recordando la infancia, Martín reconoció ser un ávido coleccionista de monedas. El cura recordó aquellas monedas centenarias y se las entregó a Martín a cambio de una jugosa ofrenda en la misa del domingo. Leonel Ortiz siempre creyó que las monedas eran réplicas sin valor.

Las 35 monedas no lograron alcanzar su destino final en Guanacaste ya que Martín decidiera venderlas en la capital San José por su peso en oro. Cada moneda tenía un peso de una onza y, como es lógico imaginarse, las monedas quedaron distribuidas entre siete revendedores los cuales lograron reunir el dinero suficiente para pagarle a Martín y así pudiera comprar más vacas y toros de monta.

El esceptisismo se apoderó de los comerciantes quienes sospechaban de su autenticidad ignorando el valor histórico del oro por el cual muchos españoles habían perdido su vida tratando de hallarlo. 22 Monedas fueron adquiridas por coleccionistas locales y 13 fueron adquiridas por dos coleccionistas nicaragüenses.

Uno de los coleccionistas costarricenses tenían una amplia trayectoria con artículos antiguos y no dejando que la duda siguiera robándole el sueño, contactó a su amigo el científico George De Luca.

George de Luca (2005)

El instituto Smithsoniano ha dedicado recursos al estudio de la Leyenda del Dorado. Cuando el científico George De Luca sospechara que estaban en presencia de algo relacionado con el misterio de la muerte de Ignacio de la Peña y la Leyenda del Dorado, asignaron nueve científicos quienes viajaron a Costa Rica y se instalaron en el Museo Nacional de este país. Dentro de sus herramientas trajeron un equipo de absorción atómica (AA). La espectroscopia de absorción atómica (a menudo llamada espectroscopia AA o AAS, por atomic absorption spectroscopy) es un método instrumental de la química analítica que permite medir las concentraciones específicas de un material en una mezcla y determinar una gran variedad de elementos.

Sin embargo, tan solo dos días habían transcurrido y a George de Luca se le diagnosticó conjuntivitis y hubo que abandonar el improvisado laboratorio para su desinfección y De Luca fue hospitalizado en la Clínica Bíblica en San José Costa Rica. La barrera del idioma y cultural no beneficiaba la investigación y un convaleciente De Luca se frustraba al no obtener colaboración de los coleccionistas costarricenses y nicaragüenses.

Aunque es muy raro ser internado por conjuntivitis, ésta se había complicado y se quería evitar una complicación comprometiendo la visión de De Luca.

Melanie De Luca esposa de George decidió partir con su cónyuge de vuelta a Washington dejando el proyecto en espera hasta que el científico norteamericano estuviera en condiciones de volver.

George de Luca murió en el año 2007 y el Instituto Smithsoniano decidió abortar la investigación hasta nuevo aviso y los equipos fueron donados a la Universidad Nacional de Heredia.

Por el momento solo se sabe que pocas han sido las veces que esas monedas fuesen mostradas como parte de una colección y la Leyenda del Dorado sigue vigente como tal.

Melvin Pereira
Cuentos Numismáticos

La Leyenda del Dorado y las monedas de Cartago (Un cuento de ficción)