No nos deja de sorprender el coleccionista costarricense Jason Porras por su gran iniciativa al enviar boletos de café a certificar a NGC. Este hecho lo convierte en uno de los pioneros en este campo. Si bien es cierto no es el primero, lo cierto es que es el primer coleccionista de boletos de cafe quien dedicó esfuerzos para poder certificarlos. Y nos sorprende aún más que varios de ellos hayan obtenido buenos grados e inclusive uno en grado MS 64 RB (Red Brown) entre otros.

El ejemplar aquí mostrado perteneció a la Hacienda del Patalillo de Juan Hernández con número de catálogo R-SJS-66A Número de Certificado 2815300-001 Grado MS 64 RB. Esta es una variedad color rojizo (red brown). Sólo se conoce de bronce pero esta es de cobre.

Los boletos de café se han utilizado en varios países de América, como Costa Rica, Guatemala, Honduras, Cuba, México, Argentina, Colombia y El Salvador entre otros, y son conocidos genéricamente como “fichas” o “tokens” . Su origen más probable es que debido a la escasez de monedas, los cafetaleros implementaron un sistema de pago por medio de estos boletos. Fue una especie de moneda privada con la que se le pagaba a los trabajadores y ellos a su vez los cambiaban en los comercios del pueblo.

Estos boletos aparecieron a mediados del siglo XIX y su uso corriente se extendió por más de 100 años, aunque inclusive hasta el día de hoy se utilizan en menor medida. La palabra propiamente “boletos de café” es referida al país de Costa Rica, donde se le conoce así al “token” (medio de pago) utilizado para las famosas cogidas o recolección de café. En cada país se les denomina de diferente manera, como es el caso de algunos países de Centroamérica donde se les llama “fichas de finca”. Fueron confeccionados en materiales como bronce, cobre, plomo, celuloide, aluminio, hierro, plástico, cuero, papel, cartón y hasta hueso entre otros. Los caficultores más acomodados mandaban acuñar boletos personalizados a Europa o Estados Unidos, aunque se podían conseguir en el comercio boletos genéricos o vírgenes (cospeles) o machotes, sobre los cuales se marcaba a voluntad identificadores personales. Otros optaban por fabricarlos ellos mismos en una manera artesanal dándoles un sinfín de formas, muchas veces toscas e irregulares, o simplemente tomando cualquier pieza de metal que encontraban a mano, desde fichas de juego a monedas nacionales o extranjeras.

Generalmente las inscripciones más comunes son las siglas del nombre del propietario, o el nombre de la finca, pero se usaron una gran gama de símbolos y figuras. Es usual también encontrar más de un juego de marcas. Lo más lógico es suponer que las propiedades cultivadas cambiaron de dueño. Desafortunadamente mucho del significado de la simbología es un misterio.

Las perforaciones manuales podrían tener tres razones. La primera para indicar un valor diferente al boleto no perforado. Generalmente las perforaciones son grandes. La segunda para evitar extraviar el o los boletos atándolos con un cordón. Y tercero para una mejor manejo y control por parte de los pagadores al poder insertarlos y organizarlos en algún tipo de dispensador.

Fuentes: